PETITE MORTE

 

Se fue sin prescindir de las bóvedas;

se las llevó todas puestas.

Sacó del extremo convulso una apetencia imposible.
Luego, llegó al presente:

Te asomo a mi boca,

te obligo y me obligas a reconocer lo inexacto.

Me bebo tus ángeles y sediento pido tu celo más abrupto.
Te tumbas sin sueños,

te agitas y brindas tu último gramo a mi tempestad.

Me vuelves aliento de ficus y baño de inusitada fe.
Te inclinas… me inclino…

lloramos lo alegre en nuestra piel.

 

 

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